GORGIAS

GORGIAS
Gorgias, de Leontinos, en Sicilia, vivió aproximadamente de 483 a 375 a. J. C., y en
427 fue a Atenas como embajador de su ciudad natal, para pedir auxilios contra
Siracusa. En sus viajes hizo cuanto pudo por difundir el espíritu del panhelenismo.
Es probable que Gorgias comenzara por ser discípulo de Empédocles y que se ocupara
en cuestiones de ciencias naturales, y quizás escribiera un libro sobre óptica. Fue
llevado, empero, al escepticismo por la dialéctica de Zenón, y publicó una obra
titulada Acerca del no-ser o de la Naturaleza (Περί τοῦ μή ὄντος ἢ περί φύσεως),
cuyas ideas principales se pueden entresacar de los escritos de Sexto Empírico y del
seudo-aristotélico Sobre Meliso, Jenófanes y Gorgias. Según estos resúmenes del
contenido de la obra de Gorgias, es cosa clara que nuestro sofista reaccionó contra la
dialéctica de los eléatas de un modo algo distinto del de Protágoras, pues mientras
puede decirse que este ultimo sostenía que todo es verdad, Gorgias sostuvo
precisamente lo contrario. Para Gorgias: 1.°- Nada existe, puesto que, si algo
existiera, tendría o que ser eterno o que haber empezado alguna vez a existir. Mas el
que haya empezado a ser no se concibe, pues ni del ser ni del no-ser puede nada venir
a ser. Tampoco puede ser eterno, ya que, si lo fuese, habría de ser infinito. Mas el
infinito es imposible, por la siguiente razón: no puede estar en algo, ni puede estar en
sí mismo; por lo tanto, no puede estar en ningún sitio. Y lo que no está en ningún sitio
no existe. 2.°- Si existiese alguna cosa, sería incomprensible, no la podríamos conocer.
Porque si el conocimiento es del ser, entonces lo conocido, lo pensado, ha de ser, y el
no-ser no podría pensarse en absoluto. En cuyo caso no podría darse el error, lo cual
es absurdo. 3.°- Aun cuando pudiésemos conocer el ser, no podríamos comunicar a
otros este conocimiento. Todo signo es distinto de la cosa significada; ¿cómo
podríamos, por ejemplo, comunicar a otros el conocimiento de los colores, si lo que oye
el oído son sonidos y no colores? Y ¿cómo podría darse a la vez en dos personas la
misma representación del ser, si esas personas son diferentes la una de la otra?28
No han faltado quienes vean en estas sorprendentes ideas la expresión de un
deliberado nihilismo; otros entienden que se trataba de una broma de Gorgias, o, más
bien, de que el gran retórico quiso demostrar así que la retórica, o sea, el uso
habilidoso de las palabras, era capaz de hacer verosímiles hasta las más absurdas
hipótesis (sic H. Gomperz). Pero este último punto de vista no se compagina muy bien
con el hecho de que Isócrates ponga las opiniones de Gorgias al lado de las de Zenón y
de las de Meliso, ni con que el autor29 del ΠρόςτὰΓοργίουtrate las opiniones del
sofista como, dignas de crítica filosófica. Sin contar con que un tratado sobre la
Naturaleza no era el lugar más a propósito para semejantes alardes retóricos. Por
otro lado, cuesta suponer que Gorgias sostuviese del todo en serio lo de que «nada
existe». Bien pudiera ser que hubiese optado por emplear la dialéctica eleática con
miras a reducir al absurdo la filosofía de los eléatas30. Tras lo cual, renunciando a la
filosofía, se habría dedicado él mismo a la retórica.
El arte retórica fue considerada por Gorgias como la maestría del arte de persuadir, y
esto le llevó por fuerza a un estudio práctico de la psicología. Desarrolló con plena
conciencia el arte de la sugestión (Φυχαγωγία), susceptible de ser utilizado para fines
prácticos, buenos o malos, y con finalidad artística. En relación con esta última,
Gorgias habló del arte del «engaño legítimo» (διϰαία ᾽απάτη), y llamó a la tragedia
«un engaño que más vale provocarlo que no provocarlo; ser víctima de él indica mayor
capacidad de apreciación artística que el resistirse a ser por él engañado»31. Su
comparación de los efectos de la tragedia con los de los purgantes nos hace pensar en
la discutidísima doctrina aristotélica de la ϰάθαρσις.
El hecho de que Platón32 ponga la doctrina de «el derecho es la fuerza» en boca de
Calicles, discípulo de Gorgias, mientras que otro de sus discípulos, Licofrón, afirmaba
que la nobleza es cosa fútil y que todos los hombres son iguales, así como que la ley es
un contrato que garantiza mutuamente el derecho33, y otro discípulo más pedía la
libertad de los esclavos en nombre de la ley natural34, nos mueve a aceptar, con Zeller,
que Gorgias renunció a la filosofía y rehusó responder a preguntas sobre la verdad y
la moralidad.35
Otros sofistas de los que se puede hacer breve mención son Trasímaco de Calcedón
que aparece en el República como brutal campeón de los derechos del más fuerte36, y
Antifón de Atenas, que defiende la igualdad entre todos los hombres y denuncia, cual
producto ella misma de la barbarie, la distinción entre nobles y plebeyos, griegos y
bárbaros. Para él, la educación era lo más importante de la vida; y creó el género
literario de la Τέχνη ἀλυπίας λόγοι παραμυθητιϰοί, declarando que era capaz de
alegrar a cualquiera por medio de la palabra.