LA SOFÍSTICA
Como conclusión, conviene advertir otra vez que no hay motivos para achacar a los
grandes sofistas la intención de dar al traste con la religión y la moral; hombres de la
talla de Protágoras y Gorgias no podían proponerse tal cosa. De hecho, los grandes
sofistas ayudaron a que se concibiese una «ley natural» y tendieron a ampliar las
miras del ciudadano griego corriente; fueron, en la Hélade, una fuerza educadora. Al
mismo tiempo, no deja de ser verdad que, «de acuerdo con Protágoras, toda opinión es
verdadera, en algún sentido, y toda opinión es falsa, de acuerdo con Gorgias»38. Esta
propensión a negarle a la verdad el carácter de objetividad absoluta lleva fácilmente a
la consecuencia de que, en vez de tratar de convencer a alguien, el sofista procurará
persuadirle o discutir con él. Ciertamente, en manos de hombres de no tanta
categoría, la sofística se ganó muy pronto el descrédito inherente al término, que se le
aplicó, de sofistería». Así, mientras que el cosmopolitismo y la amplitud de miras de
un Antifón de Atenas merecen todo respeto, en cambio, no pueden menos de
reprobarse, por una parte, la teoría de Trasímaco de que «el derecho es la fuerza» y,
por otra, los retruécanos y sutilezas de un Dionisodoro. Los grandes sofistas, como
hemos dicho, fueron en la Hélade una fuerza educadora; pero uno de los factores
principales de la educación griega, desarrollado por ellos, fue el de la retórica, y la
retórica entrañaba evidentes peligros, en cuanto que el orador podía tender a dar más
importancia a la presentación de un asunto que al asunto mismo. Además, poniendo
en cuestión lo absoluto de los fundamentos de las instituciones tradicionales, las
creencias y las costumbres, la sofística fomentaba cierta actitud relativista, aunque su
mal más profundo no consistía tanto en el hecho de que plantease problemas, cuanto
en el de que no podía ofrecer ninguna solución de los mismos que satisfaciese al
entendimiento. Contra este relativismo reaccionaron Sócrates y Platón, esforzándose
por sentar con firmeza las bases del conocimiento verdadero y de los juicios éticos.










